Que silencio! hasta puedo escuchar el paso del tren, la estación está lejos casi diez cuadras, pero lo escucho. Es melancólico el sonido, y tiene relación con la nostalgia y con la tragedia también, de cuando en cuando se ve por la tele algún auto irreconocible, hecho una masa de hierros retorcida de algún infructuoso kamikase que osó cruzar la barreras bajas, o suspendido el servicio porque alguien se cansó de la incomprensión, o se arrepintió de sus horrores, se hartó de sobrevivir, amó y nadie se enteró, o que se yo, y calmó sus males entre el acero furioso de la titánica máquina.
¿Habrá alguna historia que no se pueda vivir dentro de un tren? no creo, porque deben haber sucedido desde nacimientos hasta muertes, desde conocer al amor de tu vida, hasta hacer el viaje y no enterarte que vas en él, y ¡tantas otras cosas!. Yo recuerdo una historia que viví cuando estaba entrando en la adolescencia, etapa fantasiosa y dura, si la hay, pero llena de inocencia, de pudores, de amores platónicos, en fin, toda la belleza que encierra desplazarse por esa transición, que obviamente la descubrís cuando tenés los años que hoy acuso, no cuando transcurre.
Estaba tan feliz! claro a los catorce casi quince era muy difícil no estarlo, viajábamos a Bolívar, pueblo mágico, lleno de amigos del alma casi parientes, lleno de misterio, ese, que encierra la vida de campo, con sus bellas costumbres, con la gente antojada de afecto y reconocimiento, esa misma gente que cuando bajabas del tren sabía que no eras lugareño y se deshacía en saludos y bienvenidas.
En total eramos cinco, mamá, tía Emma, mis dos primos, Paula y Ricardo, hermanos entre ellos, hijos de la tía, y yo.
Abordamos en Constitución este tren de sueños , cargados con los bolsos y las incógnitas, rumbo al pueblo que fue cuna de mamá y la Tia.
En el bagón contiguo, viajaba una de las orquestas de Tango más famosas actualmente, claro que en aquel tiempo hacían sus primeras presentaciones, estoy hablando de la orquesta del maestro José Liberttella, que estaba compuesta de seis músicos y el cantante, llamado Adalberto Perazzo.
La Tía Emma fue cantante de tango, hay algunos discos dando vuelta por algún cajón de los recuerdos, cantaba en radio Nacional, imagínate cuando se enteró que viajaban estos monstruos de la música, para allá nos arrastró, y terminamos sentados en el vagón de al lado y cantando a más no poder con ellos.
Inmediatamente me sentí atrapada por la magia de la música y por la simpatía de Adalberto que seguramente tenía como diez años más que yo, eso era un detalle.
Esa misma noche estábamos en la confitería del pueblo aclamando a los visitantes que hacía maravillas con sus instrumentos, desbordando de alegría, convocamos a todos los amigos y parientes para que se dieran cita allí, fue una noche de lujo, no podía ser distinta.
El tiempo pasó, retornamos del viaje, ellos viajaron esa misma noche, nosotros cinco días después, Tía Emma siguió viéndose con Liberttella, pero de Adalberto nunca supe más, a veces escuchaba la radio para oírlo cantar con la orquesta, pero se ve que no tenía grabación con ellos. Siempre lo busqué, indirectamente.
Actualmente soy cantante de Tango, los genes, (de ellos se puede esperar cualquier cosa) hicieron lo suyo.
Suelo hacer alguna presentación que otra y una vez en una reunión con amigos tangueros, llega a la mesa que ocupábamos con colegas, un compañero de canto con otro señor, muy elegante éste último, con su cabello gris, algo largo, prolijamente descuidado, muy atildado en su vestimenta y dispuesto a cantar, se acerca mi amigo y me presenta al recién llegado, diciendo, Angie él es Adalberto Perazzo, casi muero creo que todavía me están reanimando, que emoción, en un segundo estaba arriba de aquel tren, con quince años casi cumplidos, con mi vieja y mi tía que ya no están, con mis primos, que cada uno está en un país distinto, con ese hombre que despertó mi primer deseo, con el pueblo, con la gente, con el ruido metálico de la máquina, esa misma máquina que hoy en el silencio de la mañana escuché tal vez para sentir esta emoción desbordante, tal vez para recoger estos recuerdos, para ver nuevamente la cara de mis seres del alma, para saber que estoy viva, tanto como en aquel viaje mágico.
De vez en cuando es bueno saber que uno sobrevive a estos momentos para que ellos definitivamente nunca mueran.
No he vuelto a ver más a Adalberto, ahora ya no lo busco.
El silencio que me trasladó hasta el recuerdo empieza a desdoblarse, ya el barrio se despertó, el tren partió con su anecdotario, tal vez vaya de estación en estación juntando historias, seguramente lo haga.
Termino mi desayuno, ay! está helado el café, como pasa el tiempo! mirá la hora! caliento esto y me voy.
miércoles 21 de noviembre de 2007
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2 comentarios:
Qué linda historia de campo y tango! Algo a lo que no estamos acostumbrados porque el campo siempre sonó a folclore y el tango a ciudad. Me encantó el relato por eso y porque me ayuda a reconstruir la parte que no conozco de mi mamá, su adolescencia y los sueños que ya no están.
siga participando niña santa, no sabe cuantas cosas puede descubrir aquí. Esos sueños no están pero hay nuevos, y hay muchas y buenas historias que hirán armando este complejo rompecabezas, gracias por estar.
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