sábado, 1 de diciembre de 2007

"La Lechuza"


Manuela Juárez, sencillo, cortito, pero fuerte con arrogancia y cadencia al decirlo, un nombre digno de su portadora.

Mamá fue una trasgresora, siempre adelante de todo, atenta, a la pesca, no por nada el abuelo Santiago, su papá, la había bautizado, "la lechuza", pero con la inocencia, la fantasía, la belleza de pueblerina, el encanto de pueblerina, el recato de pueblerina y también el esfuerzo que se le pedía a la pueblerina, me refiero a las labores que debían desempeñar desde muy niñas para subsistir.

Eso queda marcado a fuego en ella, siempre trabajando.

La recuerdo cociendo desde muy temprano hasta bien entrada la noche, pero con dignidad, nada de lamentarse, nunca se lamentó, siempre tenía lugar para algo más, para la sonrisa por ejemplo, para llevar a pasear a mi hermana con el yeso, (después te cuento del yeso y mi hermana) para ir al cine con nosotras o a casa de sus hermanas en la Capital.

Con Papá y con su hermano Evelio, levantaron la casa de Cañuelas, los tres dejaron más que sus fines de semana sin descanso en esa casa, dejaron lo más importante que sabían hacer y era estar juntos, estar presentes y unidos en el esfuerzo. La casa aún existe, las personas que viven allí la han mejorado, pero el pulmón de la casa, eso que la destaca ante mis ojos, sigue intacto, que es nada más ni nada menos que el amor y la fe, saber que todo se puede, con la única condición, el deseo.

"La lechuza" le metió mano al cemento, a la cal, a los ladrillos y construyó un fuerte inigualable, tan fuerte que aún perdura en cada paso de mis días.

Cuantas veces habrá sentido miedo!!!! ¿habrá sentido miedo? si, no me cave la menor duda, como tampoco dudo de sus ganas de vivir, metió batalla hasta el final.

Hay algunas fotos de ella con sus hermanas, que hermosas mujeres!!!!, por dios!!!

"La lechuza" me robó el corazón, no solo fue mi mamá, fue mi gloria, estoy escribiendo y llorando como loca, pero no la extraño, porque ella vivió hasta que se cansó, ese mensaje lo dejó bien claro, y te aseguro que vivió.

Me divertí mucho con ella, hemos llorado juntas, hemos sufrido juntas, hemos levantado la cabeza y puesto el pecho juntas y hemos muerto juntas.

Manuela Juárez, me siento profundamente agradecida de haber transitado esta vida de tu mano, haber abierto los ojos por primera vez y haber visto tu rostro.

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