Cuando tenía 15 años, con mi prima Paula, que tenía un año más que yo, frente a un afiche del Che Guevara, el cual se extendía sobre la cabecera de su cama, juramos las dos que cuando llegáramos a los 37 años, nos quitábamos la vida, porque eran demasiados , íbamos a estar muy viejas y no lo soportaríamos. Qué loco!!!!! 37 años eran muchos, y frente al Che, como si fuera un dios, de cualquier manera era válido, en ese momento sentíamos eso y tenía su valor. Obviamente que hemos pasado y lejos esa edad y seguimos vivas y desencontradas, cada una siguió su camino, de cuando en cuando nos hablamos y recordamos alguna de esas boludeces.
Esto viene a mi memoria como también otros episodios ocurridos en la misma época, donde los protagonistas seguíamos siendo los mismos con la incursión de mi primo Ricardo, hermano de Paula, del que estuve, creo que enamorada, o algo así, que se yo, me gustaba, realmente era hermoso. Mis primos vivían en San Isidro, cuando llegaba el verano me iba de vacaciones con ellos, generalmente a Nocochea. Tío Johnny, el padre de mis primos, adoraba esa ciudad, particularmente ventosa, pero con un casino generoso que ofrecía grandes oportunidades de hacerte millonario, no sin antes dejar tus ahorros de todo el año y volver a tu casa con la frente marchita. Era época en que para entrar a ese lugar tenías que vestir como si fueras a una de las mejores recepciones organizadas por Alan faena por ejemplo, y realmente me gustaba ver a mi tía Emma vestida para la ocasión, porque era tan bella! tan elegante!
Al otro día íbamos a la playa muy contentos pero solo teníamos para comer un caldo instantáneo y un huevo duro, realmente era duro, así y todo no cambiaba por nada del mundo esa salida con mis primos, y estoy segura que mi tío tampoco cambiaba su aporte al casino aunque al otro día hicíeramos dieta forzada.
Eramos tan idiotas! me refiero a mis primos y yo, pobre de nosotros, uno de los tantos días en que nos fuimos al centro a boludear, ya estando en San Isidro, aparecimos al otro día como las ocho de la mañana, mi tía y mamá en la esquina esperándonos y mi tío rumbo a la comisaria radicando una denuncia por dasaparición, cuanta inconsciencia y nosotros con la carga de tener que dar una explicación y sabiendo que jamás nos iban a entender, de cualquier manera nadie nos pudo quitar lo vivido.
De todo eso lo que más me gustó y rescato es la inconsciencia, el no protagonismo, el poco compromiso, el estar disculpados de ante mano por boludos, por ingenuos, por pequeños.
Fue por esa época, lo que primero leí, lo que llegó a mis manos, uno de los relatos de Julio Cortázar, no recuerdo cual de sus libros fue, pero me marcó a fuego.
Hoy después de tres décadas y chirolas recuerdo todo aquello con mucha alegría y recuerdo que a pesar de mi inconsciencia y mi juventud nunca fui arrogante, ni pedante, y jamás creí que tenía el mundo a mis pies por ser joven y mucho menos creí tener la verdad absoluta.
No es nada fácil ser adulto, hacerse cargo de las equivocaciones, de las falencias, de los errores, de la desinformación, del poco protagonismo, no es fácil , tampoco es fácil ser tolerante y aceptar otras opiniones y poder convivir con ellas. Esta página se fue cerrando de a poco, de a poco todo fue cambiando, crecimos, el país fue tomando un duro rumbo y a nosotros nos tocó crecer, duro camino, crecer y entender lo que no tenía explicación.
P/D: con mis primos hacíamos estatuas en la plaza de Necochea, solíamos esta largo minutos sin movernos, viste que ya está todo inventado?.
martes, 15 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario